Opiniones

"El Periódico digital para el sur de Córdoba"

Improntas

A lo largo de la humanidad, todo ser vivo ha querido dejar su impronta en la vida y el medio donde vivimos. Cada persona consciente o inconscientemente de su existencia y su potencial lo hará de una manera u otra. Mostrando sus rasgos peculiares y distintivos, sus obras, su clase, su estilo, su escala de valores, su experiencia, su implicación, distinguiendo siempre a unas personas de otras, por sus hechos.

Unos elegirán para ello crear su propia estirpe familiar, una saga larga o corta, afincada en algún lugar o repartida por el mundo, en su modo clásico más lineal o cambiante incorporando nuevas pareja, estados, identidades, lugares, etc.

Habrá quien decida continuar un área o campo de trabajo profesional, por mil razones diferentes, por deber, por complacer, por acomodarse a un negocio o modo de vida empresarial, heredar un nombre, continuar un estilo de vida, tal vez dinamitar un imperio en el peor de los casos por vástagos de mala cabeza y/o buena vida. O innovar para seguir, para mejorar, para subsistir en una pasión, que puede ser la que te alimente a ti y los tuyos...

Los tenemos los que se preparan concienzudamente, estudian, se forman, dan un paso más allá que sus predecesores en la universidad, en la escala mercantil, social, educativa, técnica, como experto/a en cualquier campo.

Los tenemos callejeros, charlatanes, capaces de ir y venir, de venderte, de ofrecerte, de convencerte, porque han hecho de la palabra hablada un arte comercial. Precios, productos, recursos digitales que apoyan su mercadeo, su medio de vida, de venta, de ofrecer y dirigir la oferta o la demanda más consumista, puede que capitalista.

Los tenemos más pasotas o conformistas, menos implicados, ni mejores, ni peores, que pasan por la vida sin pena ni gloria, sin grandes aspiraciones, acomodados en lo que sale, sus trapicheos, sus subsidios, sus ayudas, su modesto estilo de vida elegido o asumido, acomodado en los derechos, fiel reflejo de una herencia o una elección tras otra, tal vez poco acertada, tal vez inmadura, tal vez poco dotado/a en una herencia social o educacional, una genética desfavorecida, un ambiente difícil, caótico, pobre, porque siempre hay o habrá un de todo en una sociedad.

Extranjeros del mundo, especialmente de África, de Asia o de América del Sur. Nativos del castellano o con cien lenguas diferentes, que han venido, que han aprendido muchos nuestro idioma con mayor o menor fluidez, aumentado nuestra natalidad, ocupando trabajos legales o no. Ciudadanos de nuestro país, de nuestros pueblos, de sus servicios, con maneras diferentes, que se han quedado por aquí, legales o no. Seres con sueños de grandeza o riqueza y bienestar. Ciudadanos fantasiosos, con creencias hechas con información sesgada en su lejana aldea, en su travesía mafiosa, en su trayecto penoso e infrahumano, que se han dejado asesorar en la universalidad de Europa, de España, en su uso de recursos infinitos, según ellos y sus hijos e hijas o parientes. Patrias o patriotas en tierra de nadie, sin identidad pese a las nacionalidades, no se sienten de aquí y menos de allí, o más de allí y menos de aquí...

Políticos y políticas de oficio, que han hecho de unas ideas, de sus creencias su lugar, su imagen, su puesto en la lista, su meta en ocasiones, sin fecha de salida en muchos pueblos, diputaciones, consejerías, e incluso congreso y el senado...

Dirigentes que han decidido dejar su impronta personal en multitud de asuntos que tienen consecuencias inmediatas y complejas. Instaurando nuevas leyes, nuevas políticas educativas sin estar cerca de las aulas o las necesidades de sus usuarios, la sociedad del mañana, es el producto de lo que hoy enseñamos, educamos, permitimos o valoramos.

Ministros, senadores, consejeros, que han ligado su estilo de vida a un carnet o una afiliación desde tiempos innumerables. Una profesionalidad mandataria muy bien pagada, la clase política en general, con privilegios, con responsabilidades que no discuto, pero que no debían perdurar tanto en el tiempo, ni conceder tantos beneficios económicos una vez se dejen los altos cargos de estado, eternizados beneficios de tantos años, sujetos a las cuentas anuales de esta España, con su maltrecha economía, a la que no le salen las cuentas. Sueldos exagerados, diseñados por especuladores de las arcas del estado. Mientras nuestra deuda pública, busca prestamos europeos que habrá que devolver con intereses, soportando una exagerada inflación que desequilibra la producción, la demanda, causando una continúa subida de precios en la mayor parte de los productos o servicios diarios, con la consiguiente pérdida de valor del dinero para poder comprar, vivir, ahorrar o invertir.

En un par de días tomarán posesión en nuestros municipios muchos alcaldes y alcaldesas, otros simplemente seguirán en sus cargos, o puede que muchos otros cambien su sillón o despacho político en el mismo lugar, más de lo mismo. Porque, aunque existen nobles alcaldables, también estamos sobrados de gobernantes en todos los estamentos, que se han acomodado en el buen vivir, porque carecen de profesión previa, de un lugar alternativo para dar ese servicio de la sociedad, fuera de estos cargos públicos o políticos que otorgamos con nuestros votos, cada vez que hay unas elecciones.

Y llegamos al final del artículo, también a la mayoría de la sociedad, una clase a la que llaman media, siendo está tan variopinta como su estrato de la sociedad, ya que supuestamente tiene el poder adquisitivo intermedio que les permite cubrir sus necesidades básicas presentes y medianamente futuras, disponiendo para ello de cierta capacidad de consumo y ahorro. Trabajadores responsables, con horarios largos, que cada día cumplen con su trabajo, sin millonarias recompensas salariales o vacacionales, sin tiempo para muchos extras, con hipotecas considerables mensuales, con una cesta familiar en la que hay que priorizar, gestionar y encajar, para que economía del hogar cuadre. La clase media somos muchos, entre todos/as los que trabajamos, cotizamos, pagamos una parte considerable de nuestros impuestos, con nuestro sueldo mensual, estando fiscalmente controlados, intentando ser controladores en nuestros caprichos, con nuestros momentos ociosos o vacacionales, conformándonos con seguir adelante en el presente y sin pensar demasiado en las cuentas del futuro, que se muestran por lo pronto inciertas en lo social, lo político y lo económico. 

Pese a todo me quedo con la esperanza que en su día promulgo José Luis Sampedro con sus citas: “Hay dos tipos de economistas que trabajan para la sociedad y sus políticas: los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres”. Estas palabras resumen muy bien la postura de José Luis Sampedro en relación con la práctica económica y puede ser un punto de partida, para todos aquellos/as que tienen el poder en sus manos.