Opiniones

"El Periódico digital para el sur de Córdoba"

Rinconete y Cortadillo, de Miguel de Cervantes

Vaya por delante que no vengo yo a descubrir ahora la pólvora. Si acaso, a releer una vez más la corta novela de Miguel de Cervantes, que permanece tan actual como visionaria en el tiempo, como género precursor del relato novelado en lengua española o castellana -como guste decir-. Doy por sabido de todos, que esta colección de doce novelas, llamadas ejemplares por su autor -“según explicación […], porque no había ninguna entre ellas de que no se pudiese sacar algún ejemplo de provecho”.

Vengo a comentar esta de “Rinconete y Cortadillo”, quizás por parecerme tan cercana y motivadora en el tiempo sobre nuestras visibles costumbres ejemplares. La novela está tan llena de poesía, como plagada de ella, nuestra hacendosa vida cotidiana. Y porque es un honor, en esencia íntima, comprobar el poco cambio de espíritu que alberga nuestro ambiente, pese al tiempo que nos lleva arrastrando la comedia y la perspectiva con que Miguel de Cervantes Saavedra mide nuestro carácter hacedor.

La nevera está llena, que es lo que importa en casa de Monipodio. Recordemos que, Rincón y Cortado vinieron a encontrarse, como es dicho, en una “venta llamada del Molinillo”, maltrechos y casi andrajosos; con alpargatas y zapatos sin apenas suela, por los caminos que traen “de Castilla a la Andalucía”. Tierra de mucha enjundia y tranquilidad. Dos muchachos corrientes, se diría hoy en día. Pero entonces llenos de espíritu aventurero. Como era la dicha época, que nos describe Miguel de Cervantes. Estos personajes se exceden en habilidades que hacen llevar los ahorros de unos a bolsillos del otro. Algo que lleva la costumbre. Amigos de lo ajeno, se dice, y tan llevado y traído por las Españas de siempre. Profesión, que como el hambre, no se acaba, y tan afín en los dos chicos, que circulan como asociados por parajes de excelente concurrencia.

Ellos, ojo avizor, no pierden una, como buenos ociosos, apropiándose, como sana costumbre que tenían, de todo lo que pueden. Pero eso sí, con una elegancia de oficio delicado, hoy perdida, desde un punto de vista profesional, se entiende. Este oficio que hoy en día, trocado sin estilo, sin clase y violentísimo hasta extremos grotescos y salvajes. Dados al daño físico más que al refinamiento, que decirse pudiera casi de arte por su ejecución. Hoy por su descaro vandálico. Y por si fuera poco, y circunstancias humanitarias, entonces, como hoy, que en esto no ha habido cambio, también vadeaban  los sicarios. Es curioso observar  lo poco que en esto, ha cambiado la condición humana pese a tanto tiempo transcurrido.

“En esto Cortado y Rincón, se dieron tan buenas mañas en servir a los caminantes […], que “por no perder la ocasión tan buena del viaje de ir a Sevilla, donde ellos tenían grandes deseos de verse”. Ciudad en que se establecen con otros, avistados de aquellos por oficio semejante. Que habelos, hailos. Y muy pronto asilados como miembros efectivos de la acogedora casa hermandad de Monipodio. Quien le deja por sobrenombre Rinconete y Cortadillo. Casa consagrada y consabida de Corte de pícaros y extraviados. No era cuestión  quizá, de mudar de fortuna, si no de tierras. Recuérdese que Sevilla era en esa época, capital económica del reino, y por ello más que por otra causa, propicia para el pillaje. Y brinda en ello una hermosa ocasión de picaresca y ocio, incluido el hacerse devotos y caritativos y piadosos, para impartir la más limpia y cáustica justicia donde no la había, mediante el sistematizado medio del sicario. ¡Qué complicado mundo este de los hombres errantes del ocio vacío y miserable!

Como desenlace, en verdad, Cervantes, hombre de vital experiencia y gran psicología, nos viene y no a otra cosa que, hacer con esta novela cortísima de “Rinconete y Cortadillo”, un precioso retrato de la vida y sociedad sevillana de la época en que vive su autor en la susodicha ciudad y su entorno. Viniendo a probar, como colofón y a decir, como hombre impregnado, empapado de la cultura renacentista en que se ha formado, que no le gusta lo que ve. Y como acto de provecho, nos muestra el arrepentimiento. Camino que marca como recomendación el propio Rinconete que “propuso en sí de aconsejar a su compañero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala”. A fin de cuentas -digo-, gobernada por Monipodio, personaje este iletrado, “hombre bárbaro, rústico y desalmado”. Y finalmente -dice-, “exageraba cuán descuidada justicia había en aquella tan famosa ciudad de Sevilla”. Amén. Pues parece bien y rico el de otear, y hacer depuración del fondo de lo malo, malo, que hay, de entre lo mucho bueno y tanta deslumbrante belleza.