Opiniones

"El Periódico digital para el sur de Córdoba"

Presidente por sorpresa

En un abrir y cerrar de ojos el panorama político de nuestro país ha cambiado, de la noche a la mañana y sin que absolutamente nadie se lo esperara hemos cambiado de presidente del gobierno, o lo que es lo mismo, hemos cambiado de gobernantes sin pasar por las urnas como es costumbre en democracia.

La salida de Zidane del Madrid y que Pedro Sánchez consiguiera los apoyos necesarios para ganar la moción de censura dejaban perplejos a propios y extraños. Dos noticias que daban la vuelta al mundo y que colapsaban los whatsapp y demás redes con los llamados memes. Ya lo dije alguna vez, mejor tomarse con humor las cosas después de que la realidad de las mismas te deje una mala leche en el cuerpo bastante considerable.

Los que no son del Madrid, barcelonistas a la cabeza, sintieron alegría ante el adiós de Zidane, y muchos socialistas, no todos, también estaban contentos con los pactos. Si alguno tuvo la alegría doble pues mejor para él. Yo confieso que no me alegré de nada.

Aunque Zidane nunca ha sido santo de mi devoción, sería absurdo negarle sus méritos que, sin duda alguna, tienen como baluarte el buen ambiente que siempre ha sabido crear en el vestuario y el buen rollo que sabe transmitir a sus jugadores, que ya de por sí están dotados de unas excelencias futbolísticas fuera de serie. El hecho de irse por la puerta grande, haciendo historia en el fútbol sí que me alegró, pero la incertidumbre que deja en el club de mi devoción me dejó preocupadillo.

Pero sinceramente el fútbol no fue lo que me tuvo en vilo estos días atrás, este pseudodeporte no deja de ser un pasatiempo que no influye en mi vida más allá de la alegría o la tristeza momentánea tras un partido y poco más. Lo que sí tiene que ver en mi vida y en la de los que me rodean es la política que ejerza un gobierno u otro, y el bienestar presente y futuro de la sociedad en la que vivo sí que me preocupa.

Me parece de justicia política que Mariano Rajoy ya no sea presidente del gobierno de España, pero no voy a entrar en su gestión sobre la economía, ni sobre la educación o la sanidad, ni sobre los derechos sociales, ni siquiera sobre la gestión del llamado “problema catalán”. En lo que sí entro para justificar mi opinión es en la putrefacta corrupción en la que el Partido Popular está sumido. Por más que sus líderes lo nieguen la realidad es la que es, eso lo sabe hasta el más desinformado, y ha tenido que ser una sentencia judicial, largamente esperada, la que haya hecho que ya no puedan seguir con la justificación de lo injustificable. Sentencia que no culpa sólo a personas, muchas están por salir aun, sino al partido, y un partido en sí qué es, pues son los que lo forman, los que lo manejan, los que lo gobiernan. Por higiene política el señor Rajoy debería de haber dimitido ipso facto para convocar elecciones anticipadas, pero no, ha vuelto a intentar la postura del don Tancredo, esa con la que tan bien le ha ido en otras ocasiones, es decir, la inacción. Que se peleen entre ellos que yo aquí quietecito saldré indemne de los varapalos y quedaré ganador. Eso debió pensar una vez más el gallego, pero esta vez no, esta vez la cosa era tan pestilente que no ha habido mucha pelea entre sus adversarios y se han puesto de acuerdo en echarlo para, según parece, poder respirar.

Un atentado mal gestionado en su atribución le costó unas elecciones al PP en el último gobierno de Aznar, y de ello se aprovechó Zapatero, al que no se le esperaba. Un fallo judicial por corrupción le ha costado a Rajoy que lo echen en la primera moción de censura que triunfa en la democracia española, y de ella se ha aprovechado Sánchez al que tampoco se le esperaba.

Así pues, bien porque Rajoy ya no es presidente del gobierno, pero ¿bien por tener a Sánchez de presidente tras haber pactado con antiespañoles y proterroristas, entre otros? Pues yo qué quiere que le diga, no. No debe de estar el señor Sánchez muy contento de ser presidente sin que los españoles lo hayan votado en las urnas. No lo creo. Ha entrado de forma legal, nadie lo duda, pero sus pactos son para mí inmorales, por lo tanto, entiendo que ha entrado por la puerta falsa y esto más tarde o más temprano tendrá sus consecuencias. Eso sí, ya tiene asegurada su paga vitalicia... y su retrato en el Congreso.

Rajoy se ha ido apaleado, pero no quería que nadie lo sustituyera tras unas elecciones, quería que la historia que escribirían sus partidarios dijera que un grupo de indeseables, enemigos de España, lo quitaron para ponerse ellos sin unas elecciones democráticas. Morir matando parece que ha querido decirnos Rajoy.

Y efectivamente, España está ya gobernada por un señor al que los españoles no han votado. Poco le ha importado eso a Sánchez. Una salida de Rajoy pactada entre Ciudadanos, PSOE y Podemos hubiera sido lo lógico, lo que hubiera permitido una convocatoria de elecciones ya y que el pueblo español hubiera decidido con sus votos, democrática y limpiamente lo que creyera oportuno. Pero, ¿por qué no se ha intentado? Vamos a verlo.

Sánchez ha preferido esta vez acercarse al del chalé de la discordia para ir por las bravas, intentando unir a independentistas y proterroristas, a hablar con Rivera, con quien sí habló para formar gobierno como todos recordarán. Ahora hubiera sido posible que Iglesias hubiera dicho sí a quitar a Rajoy, aunque para ello tuviera que presionar al gallego uniendo sus fuerzas con Sánchez y Rivera, la cuestión era forzar unas elecciones. Y a lo mejor Rajoy hubiera cedido al verse perdido del todo. Pero no, Sánchez no lo veía, pero no lo veía porque teme a las elecciones, sabe que las encuestas no le favorecen y que Rivera se podía beneficiar de ellas más que nadie. Y si, como dicen todas esas encuestas, Rivera obtuviera más diputados que su partido socialista, el que gobernaría, aunque tuvieran que pactar, sería el de Ciudadanos y no él. Así de simple.

Esto se ha hecho todo a la carrera, todo improvisado, decidido sin templar nervios y sin consultar bases ni nada de nada. Y así ha salido. No espero nada bueno de Sánchez, y temo a sus muchos socios y el rédito que puedan sacar de esta alianza populista. Desde mi óptica, sólo alabaría del legítimo e inmoral presidente el que convocara ya elecciones, pero dudo que lo vaya a hacer, ojalá me equivoque. Eso sería lo único bueno para una democracia muy tocada, y para un pueblo que siente hartazgo político por la gente que sigue estando ahí para servirse y no para servir. Políticos con fecha de caducidad es lo que se quiere, pero no se encuentran.