Opiniones

"El Periódico digital para el sur de Córdoba"

Crónica flamenca en primera persona

Hace ya mucho tiempo que pasaba esto. Apenas si había cumplido los 15 años y se me despertaba por entonces, la afición al cante flamenco. Empezaba a ensayar los fandangos de “El Sevillano”, Juanito Maravillas y los fandangos de Huelva, aquellos del Águila palomera, de Curro de Utrera. Mi corta experiencia no daba para más. Si acaso “La muerte del Piyayo”, de Juanito Valderrama. Pero eran tiempos en que se hablaba de flamenco en las tabernas con los amigos, y donde se cantaban aquellos fandangos y algunas soleares. Unos lo hacían mejor y otros peor, pero se cantaba. Se oía el cante. Se hablaba del “Bar Pepe Pinto”, que se encontraba en la céntrica calle de Sevilla “La  Campana”, y de todo lo que allí se reunía de la grandeza del cante. De nuestro cante. Allí se encontraba lo mejor de lo mejor. Era a principio de los años 60 y desde luego, había una cierta motivación al hablar de este arte. Después de aquellos escarceos flamencos, en mi caso, descubrí la poesía, que sin desconectarme del cante, me fue alejando un poco de él. Es curioso, cómo unas cosas pueden sobre otras. La poesía me pudo, y yo tenía mucho que aprender. Es un decir, claro.

En los cines de verano asistíamos a espectáculos flamencos. Donde recuerdo haber visto y oído al gran Fosforito, a Argentina Coral, la Niña de la Puebla, Antonio Mairena, al Gordito de Triana (que de gordito no tenía nada), a Manolo Caracol… y un largo etcétera. Como digo, había una bonita motivación y se hablaba de nuestro cante en ciertos bares, y los sábados se escuchaba muy buen cante entre aficionados y a veces profesionales. Había movida flamenca. Y bueno, alguien dirá, con todo su derecho, que esto, ¡qué tiene que ver con lo que vengo a contar sobre el Recital de cante que tuvimos el pasado sábado, 8 de julio (2023), en la Peña Cultural Flamenca Jumoza! Y he dicho que está en su derecho pensarlo.

Pues lo iremos viendo. El cante y la vida tienen conexión entre sí. Esa noche del pasado sábado día 8, en nuestra Peña Jumoza, del Parque Alcosa, actuó Raúl Alcántara “El Troya”, acompañado de la guitarra de José Luis Scott. Que nada más comenzar la actuación, nos hicieron una entrada cantando por soleares. Hacía mucho tiempo que no oía decir a un cantaor, “estos cantes no se deben perder”, y esto es modestia y grandeza. Hay cantes que no sé por qué están en la memoria y se agradece que alguien nos lo recuerde, diciendo: “Tu reja ya no es de hierro”, “me gusta este cante, -anoté-. La soleá es uno de los cantes básicos, y que tienen pellizco y a mí me lo dio, y más cuando están bien vocalizados y el mensaje se entiende al completo. Como decían los maestros que se reunía en aquellos años en el Bar Pinto. Y como se comentaba en los bares de mi época: esta soleá es de fulano de taly la cantaba así, y el tío se arrancaba por soleá. A mí me llegó aquel sustrato que apenas ya recordaba. Y no sé por qué. Después nos cantó Raúl por Malagueñas “Se la llevó Dios” y su exquisita voz nos deleitaba, se entendía todo el sentir. Rasgaba el sentimiento con sobriedad y nuestro modesto salón se llenaba de voz flamenca, y aplaudía de pie. Este sábado, Raúl el Troya, me recordaba mi época. Me movía con aquellas malagueñas. Y no sé por qué.

Siguió por Tangos, otro de los cantes básicos. Me recordó un deje, de Manolo Caracol, genio sin duda, de nuestro mejor cante. Allí había un hilillo que sonaba en mis oídos a buenos sentimientos. En mi alma, vieja quizá, pero amable y majestuosa. Y de seguido, nos cantó por Fandangos. Suspirando por el genio creador, Pepe Pinto; pero llevados a su terreno, a su poderío. Al de Raúl. A su serena y poderosa voz. Con su correspondiente recitado a su estilo, pero recordando al genio. “Aquí hay cantaor” -me dije-. Y recordaba aquellas noches memorables de mi infantil primavera. De mis sentimientos y compás hirientes, junto a la guitarra de José Luis Scott, extraordinaria sonanta, esta de José Luis. Asociaba esta noche con aquellas de mi afición primera al flamenco, y no sé por qué. Me sentía a gusto en ese cante y su manera de hacer, aunque me supo a poco. Después nos cantó por Bulerías. Serena voz, templada ya, poderío, derroche y confianza en su ejecución. Nos cerró el acto con unos cantes por zambra, claramente, recordando al grandioso Manolo Caracol, pero como digo, llevados a su terreno, siendo Raúl. Sinceridad en el cante. Reconozco que esta noche me trasladó por entero a aquellas de los tiempos inolvidables en que se cantaba y oía flamenco en muchos sitios. Pero eso sí, a palo seco, sin guitarra. En El Bar Pinto, también, pero allí, con buenos guitarristas. Entre grandísimas figuras que dieron grandeza al mejor flamenco. Sí, señor, me gustaría oírte nuevamente. Disfrutar esa voz. Genial. Creo que nuestra Peña quedó satisfecha. Feliz verano a todos y escuchad buenos cantes.