Opiniones

"El Periódico digital para el sur de Córdoba"

Estamos teniendo un verano que...

Estamos teniendo un verano que, apenas acaba de comenzar, y ya empieza a dar muestras de la extraordinaria riqueza y diversidad de valores que en este país tenemos.

Cada uno es muy libre de moverse y dirigir su vida de acuerdo a los principios que ha mamado, vivido o aprendido; e incluso, puede vivir sin valores, allá cada cual, pero lo que no deja de sorprenderme es como nos manejamos con ese enorme colectivo que hemos convenido denominar, para no herir susceptibilidades, como las personas (niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos) con “diversidad funcional”.

Oyendo declaraciones y viendo determinados comportamientos, creo que existe, por comodidad, una interpretación errónea, o por lo menos a mi me lo parece, de entender eso de “diversidad funcional”. Verán: cuando hablamos de personas con diversidad funcional, no implica esta denominación que esas personas funcionan mal, y que por funcionar mal (de muy diversas maneras), de ahí lo de diversidad.

Este modo erróneo de entenderlo, nos lleva a esa actitud paternalista, benevolente, voluntarista de aceptar a ese colectivo dentro de ciertas actividades, pero… sin que molesten mucho. Como resultado de ello, cuando las cosas implican un esfuerzo especial, un cambio de mentalidad o verlo desde otro punto de vista, surgen los problemas…, tan diversos como la diversidad.

Diversidad funcional debe entenderse como una manera más de funcionar dentro de la diversidad que existe entre los humanos, otra, ni mejor ni peor, simplemente otra.

Estas otras maneras de funcionar exigen muchas veces apoyos, coberturas e incluso adaptaciones que suponen la aplicación de recursos humanos y/o materiales que por representar una minoría dentro de la población, nos pueden parecer sorprendentes, caros , demasiado exigentes, etc.; pero pensemos por un momento: ¿no hay niños y niñas que necesitan un apoyo extra en determinadas asignaturas porque les cuesta algo más aprenderlas?, ¿no hay niños y niñas que les cuesta algo más que a los demás aprender a practicar algún deporte, por ser menos habilidoso/a? ¿Acaso esto no podemos considerarlo diversidad?, y sin embargo lo aceptamos como algo “normal”. En cambio, cuando un niño o niña catalogado como diferente, porque eso es lo que encubrimos bajo el paraguas de la “diversidad funcional”, necesita un profesor/a de audición y lenguaje, un pedagogo/a terapéutico/a, monitor (sea sombra o no), adaptación de su puesto escolar, etc. lo empezamos a ver como algo que …, pero esto ¿no va a retrasar el ritmo del resto de la clase? o “… es que yo no sé si la presencia de estos niños o niñas en la clase va a ser bueno para mi niño o niña”, y un largo etcétera de argumentaciones peregrinas que se nos puedan ocurrir y que si bien, nos puedan parecer increíbles, se dan.

Estamos viendo, porque se le ha dado visibilidad en los medios de comunicación (prensa, radio y televisión), situaciones tan aberrantes como que a una niña con autismo (la niña no es autista, padece autismo, lo mismo que una persona con cualquier otra dolencia no es la dolencia misma, sino que tiene o padece esa dolencia), unas profesoras, especialistas, para mas “inri”, en autismo la maltratan porque su comportamiento no es el adecuado. Terrible por cuanto han estudiado para trabajar con estos niños y niñas. Corazón de piedra, no de carne.

Vemos también varios casos de niños y niñas que o bien los expulsan del campamento o no los admiten porque tienen una diversidad funcional que exige la presencia de un recurso extra… ¡Ah!, que ese recurso no va a poder servir de apoyo en otros momentos para el resto de niños y niñas. Ya, claro, es que el resto de niños y niñas funcionan todos por igual, no son diversos.

Miren, la vida de estas personas no es fácil, ni para ellas ni para sus familias y para su desgracia, en muchas, demasiadas me atrevería a decir, no se la facilita ni la administración (municipal, comunitaria y nacional), ni la sociedad, pero no en modo abstracto, sino concreto, personas como usted o como yo que por ignorancia, escrúpulos o vaya usted a saber qué otra razón, los consideramos diferentes, raros, como sus enfermedades y optamos por la solución más fácil: excluirlos, apartarlos del común para que no obstaculicen la buena marcha de esta sociedad tan prospera.

Tremendo error, porque nos estamos perdiendo por el camino lo mejor que tenemos como seres humanos, que es la alegría de estos niños y niñas ante la adversidad, que no han pedido ni querido, pero que en la ruleta de la vida y los genes, les ha tocado; la bondad, libre de todo recoveco, bondad pura, la capacidad de amar a todo el que se le acerca y le dice un palabra o le brinda una sonrisa, ellos y ellas te la devuelven multiplicada por mil, no se quejan y aceptan lo que tienen y agradecen la ayuda que puedan recibir con gratitud. Hemos olvidado en esta sociedad de consumo y bienestar unos principios simples, por básicos, de convivencia que nos humaniza, que nos hace mejores personas, y eso parece que ya nos se estila, ya no es “cool”.

Preferimos no pensar lo que ha supuesto para sus padres la presencia y aceptación (no sin un gran esfuerzo) de estos niños y niñas en la vida de la familia. Han tenido que sacar fuerzas de flaqueza de donde creían no tenerla. Son expertos en resiliencia y en legislación, y en primeros auxilios, y en organización, preparadores y formadores, consejeros…, porque todo eso lo tienen que vivir cada día. Conocen todas las ventanillas de todas las administraciones y delegaciones, y han desarrollado un especial don de gentes. Todo ello, aprendido en el Master de la Vida de las personas con Diversidad Funcional.

Hoy, vamos dando pasos, insistimos en que la inclusión no es solo una palabra, no es solo tener a estos niños y niñas en una clase con el resto de compañeros/as, no es solo que estén en un campamento con el resto de niños, sentados en una silla viendo las actividades de los otros o arrumbados en un rincón, ni que accedan al campamento por lugares distintos al del resto de niños y niñas. La inclusión, es mucho más, y empieza porque tenemos que cambiar nuestra manera de pensar, y con ello, la de hacer y con ello, cambiar estructuras, programas…, en definitiva, debemos empezar por cambiar nosotros, usted, usted y usted y yo desde dentro.

Feliz verano.