Opiniones

"El Periódico digital para el sur de Córdoba"

Dylan Thomas, relatos sobrios para un bebedor empedernido de la palabra

En la riquísima veta de lenguaje sobrenatural que impregnan estas narraciones, se extiende el precioso tiempo de lo intacto e indeleble. Imágenes que fluyen en la historia y reportan el regusto complacido en la corriente que les lleva.

ATMÓSFERA BALBUCIENTE. El proceso de acercamiento a una obra literaria es bien sencillo. No tiene mayor misterio. Requiere tan solo la disposición de todo buen lector inconformista que desea hallar, cuanto antes, motivaciones en el texto para continuar avanzando en su descubrimiento. Lo es menos cuando se trata de distanciarse de ella detectar los atributos que le caracterizan y abundar en ese tránsito revelado, si realmente así es y se descubre. Este matiz es trascendental en el caso del autor galés. El aura lírica que le antecede es suficientemente poderosa para nublar otros espacios de creación y de identidad, que bien podrían considerarse como los verdaderamente sobresalientes en su trayectoria, como son los relatos. Esta perspectiva se fundamenta en la capacidad que poseen de abstraer poéticamente y sublimar nuestra atención con imágenes ceñidas a un lenguaje transparente y, a la par, luminoso, que elabora con cadencia, modulando el tono y el timbre de la narración. Las descripciones, sin imponer límites, detallan en lo justo y necesario para que no remanse su fluidez y el curso de los acontecimientos no se vea afectado por la definición más precisa que impone con rigurosa extremaunción en cada pasaje, giro o aproximación hacia ese definitivo asalto.

BIOGRAFIA ETÍLICA Y SALVAGUARDA LITERARIA. El alegato no es tal. Sí el que le corresponde exclusivamente al escritor en su oficio, como lo es el de cualquier otro en su labor. Impregnarlo de otras connotaciones confunde y enjuicia la dimensión real de aquel. Halar la resaca de las oscuridades rotas, procura un ejercicio descontextualizado y reducido en el enfoque. Somos un cúmulo de levedades y nuestra rectitud se tambalea. El revisionismo a ultranza impone el veredicto de lo intachable, pero la pátina no resiste. La literatura se impone con la audaz belleza que Dylan Thomas toma en su mano y disemina en el aire hasta tocar la tierra fértil donde germina con voz de almagre.

LA TRADUCCIÓN, OBRA CONTENIDA EN LA PROPIA OBRA. A ese «extr

año mundo de la trasmigración literaria» que señalara el autor ruso Vladimir Nabokov, en su ensayo titulado El arte de la traducción, publicado en 1941, nos encamina Miguel Martínez-Lage a través de estos relatos de Dylan Thomas. El traductor pamplonés, fallecido en Garrucha –Almería- en 2 011, durante IX edición de las Jornadas en torno a la Traducción Literaria, celebradas en Tarazona en el año 2 000, señalaba en su conferencia sobre la fructífera relación literaria del matrimonio Nabokov, que «Nadie se llevará las manos a la cabeza si digo que todo traductor es escritor, pero que no todos los escritores son traductores». Esta reflexión hace bocado apetitoso en lo que concierne al lector. En toda traducción hay una conversión alquimista que faculta a esa obra nueva que se escribe en otra lengua y recrean los lectores. Ese encuentro y resolución milagrosa hace de la literatura frontera abierta entre los hombres.