Opiniones

"El Periódico digital para el sur de Córdoba"

Primavera de café - Joseph Roth

En este Sur suben las temperaturas y las calles de ciudades y pueblos son tomadas por miles y miles de veladores y bebedores en la más absoluta anarquía y no poca algarabía para consumir bebidas que les refresque parte de la noche. Hasta el punto que el perseguido peatón sufre la prisión física de un mínimo espacio para su andar. Uno, fervoroso lector de Joseph Roth, desde años agradece a la Editorial Acantilado el pulso de jugar fuerte, apostar, no por dominar el mercado del libro sino ofreciendo autores sólidos, desprovistos de dudosa fama prefabricada. Sin prisas pero sin pausa en el tiempo., los factores y resultados positivos suelen ser buenos: Uno, que, frente a la vertiginosa carrera de publicar cualquier obra buscando el betseller, elevando el chisme a través de los medios de contaminación y de “distracción, opta por los verdaderos valores frente a la manipulación mediática que soportamos en el empecinamiento de colar lata por cobre, queriendo ignorar que la buena literatura siempre será hoja perenne, rentable a medio plazo económicamente y garantía de “goteo” continuo.

Un ejemplo claro  por cual palpable, es el proceso de edición que las obras de Joseph Roth por Acantilado con cerca de una veintena de títulos publicados sumando esta “Primavera de café”, (Libro de lecturas vienesas) con las que el más joven Roth se inició en el oficio de escribir crónicas-relatos para los periódicos. Que con el andar del tiempo acompañaría el éxodo de su fuga sin fin, fuente nostálgica de lo vivido, venero de toda su obra.

Íntima nostalgia convertida en manantial sonoro para el buen escritor. Digo más, gracias a la observación de los pequeños universos, no pocos autores han llegado a ser fabulosos y póstumos en los pedestales de la Gloria. Roth es uno de ellos. Aquí una muestra con estas apacibles  semblanzas de su siempre amada Viena escritas cuando contaba veinticinco años. Entonces ya se percibió la crítica de sus dotes de narrador, la maestría de reportero sobre la condición del ser humano, perdedor consciente, errante bien en su propia patria o lejos de ella. Exiliado con la amargura y la tristeza en sus interiores y juicios que se adelantaban a los acontecimientos históricos.

Corre y malvive la vida de muchos seres por la Viena de 1919 y su posguerra, la decadencia de todo un imperio cuando el joven Roth escribe: “Mirando estas terrazas abandonadas de la mano de Dios, a uno le viene casi involuntariamente a la memoria la comparación con unos sueños de paz jamás cumplidos, unas expectativas pasadas por agua y una situación internacional resfriada”.

En cualquiera de sus relatos la figura de certero observador ya anuncia al lector que por muy pequeña, simple y aparentemente intranscendencia de cualquier historia, existirá el palpitar humano – generalmente de perdedor-, donde se pueden percibir circunstancias ocultas del desvivir. Así lo refleja ese Café Popular, que no es un local de aquellos famosos que han quedado en la historia literaria de Viena. Es un café “angosto y estrecho” donde las mesitas están apelotonadas de curiosos personajes, que va mostrando con una maestría y solidaridad tierna y encantadora, el Roth que ya se considera sólido narrador de futuro.

Ese pequeño Sacher con su carrito por las calles de la gran metrópoli. Vendedor de salchichas, distinto a los demás vendedores, que no mira desafiante al futuro comprador, lo hace de reojo, con alma profunda, humana y rica, orgullosa de su modestia. El bar del pueblo, relato donde las pequeñas cosas y sentimientos de los clientes, adquieren la inmensidad de los de abajo, sus maneras y palpitaciones. Y siempre, esa bondad de los que nada poseen, pero pese a ello todavía son capaces de ofrecer la ternura que brota de sus páginas, Entonces, con la imaginación las hago revoletear sobre las cabezas y las risas de los pobladores de miles de veladores en las noches de estío del Sur, deseando que algunos las descubran y descubran que su lectura es el más exquisito refresco literario.

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