Miles de niños mueren y nadie dice nada. No se trata de izquierda o derecha; se trata de humanidad. Esa que hoy en día es pisoteada mediáticamente por un partido de fútbol. Esa que hoy en día es disfrazada de subjetivismo. Esa que hoy en día hace tanta falta.
No se trata de una simple guerra cuando el gobierno israelí —he ahí la clave: diferenciar “gobierno” de “pueblo” — bombardea hospitales, destroza escuelas y bloquea el acceso a ayuda humanitaria con la infundada y simplista excusa de una persecución a una organización terrorista.
Si realmente el objetivo principal de Israel fuera acabar con la organización terrorista de Hamás —de la que los palestinos también son víctimas — no habría declaraciones de políticos israelíes manifestando “borrar a Gaza del mapa”. No habría un permanente traslado y organización de la población. No habría un 70 % de víctimas civiles. No habría una intención de castigo colectivo al prohibir el acceso a ayuda humanitaria e imponer cortes de suministros.
Lo que está ocurriendo en Gaza es un genocidio en directo y la sociedad, centrada en aupar a la extrema derecha en el poder y en creer discursos simplistas, ignora totalmente el sufrimiento de las personas cuando hoy en día tenemos más acceso que nunca a la información. No se pueden negar los 14.000 niños asesinados. No se pueden negar las imágenes de bombardeos sobre zonas civiles. No se puede negar que el interés israelí es solamente atacar puntos militares de Hamás, cuando, además de ser el 70% de las víctimas civiles, se prohíbe totalmente los daños colaterales si ese punto no presenta un inminente riesgo y de atacarlo, se cometería un castigo colectivo. No se puede negar que se está cometiendo un genocidio y que Europa tiene la boca sellada por la insensibilidad y el temor a represalias estadounidenses.
Según el artículo II de la Convención de Ginebra, se entiende por genocidio cualquiera de los siguientes actos cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso:
1. Matar miembros del grupo
2. Causar graves daños físicos o mentales a los miembros del grupo
3. Someter intencionadamente al grupo a condiciones de vida destinadas a causar su destrucción física, total o parcial
4. Imponer medidas destinadas a impedir el nacimiento de niños dentro del grupo
5. Trasladar por la fuerza a niños del grupo a otro grupo
Quien niegue el genocidio palestino acabará con las manos manchadas de sangre: no hay más ciego que el que no quiere ver.
Instituciones mundiales se silencian ante la sombra de la hegemonía estadounidense: contemplan el posible genocidio y abren pocas negociaciones diplomáticas como si de una mera guerra se tratase. Este silencio global hace germinar esperanza en activistas como Greta Thunberg, que ante el insensible mundo que estamos creando, está dispuesta a ser mártir para que si no se llora la sangre de los palestinos, al menos sí se haga con la de una europea. De hecho, ya lo está siendo, tras la nueva y normalizada violación del derecho internacional de Israel —interceptar una flota con ayuda humanitaria en aguas internacionales— la Flotilla de la Libertad no ha llegado a Gaza. Al no llegar ese barco, no ha llegado el desayuno de un niño desnutrido. Al no llegar ese barco, no ha llegado la luz cenital mediática que se iba a iluminar sobre la Franja de Gaza, encendida por los europeos. Al no llegar ese barco, no ha llegado un nuevo día para muchos niños.
¿Cuántos derechos internacionales más tiene que violar Israel? ¿Cuántos hospitales más tienen que ser bombardeados? ¿Cuántos bloqueos más tienen que ser llevados a cabo? ¿Cuántos periodistas más tienen que ser silenciados? ¿Cuántos niños más tienen que morir sepultados entre los escombros? ¿Cuántas voces más tienen que desgarrarse entre llanto y sangre para que actuemos y nos posicionemos en contra de lo que ocurre?
Mientras la educación no forma en el pensamiento crítico y el levantamiento de voz frente a injusticias globales, haciendo que los adolescentes sean enganchados por discursos simplistas que derivan en nuevas formas de totalitarismo; hay otros que demuestran que el ser humano va de la mano con el ser humano. Hay otros que gritan las injusticias que otros callan. Hay otros que no dudan en brindar ayuda —ya sea por cielo, mar o tierra— a quien lo necesita. Hay otros que no entienden de izquierda o derecha, sino de humanidad. Hay otros que denuncian los disfrazados discursos democráticos con trasfondos genocidas. Porque sí: quien no conoce la historia está condenado a repetirla.







