Opiniones

"El Periódico digital para el sur de Córdoba"

Algunas notas sobre la "Santería Lucentina"

Escribo este artículo como complemento a la guía de semana Santa de Lucena que se publicará en este mismo diario; sobre todo, para aquellas personas que no son de dicha ciudad y quieren acercarse a ella.

[caption id="attachment_53913" align="alignright" width="359"] Cada santero lleva un sitio específico en el trono.[/caption]

La peculiaridad y originalidad de la semana Santa de Lucena estriba en el modo de portar los pasos, denominado santería. Esta se realiza a hombros, al toque de un ritmo determinado de tambor y es exclusiva para los hombres: esto es santear. Los pasos son llevados así por cuadrillas de santeros, quienes portan el trono a hombro y van mandados por un manijero que lleva un timbre en la esquina delantera derecha. Cada santero tiene un puesto y una función específica, de tal manera que la solución de conjunto sea única: la de santear el paso adecuado del Cristo o de la Virgen. A esto hay que añadir que los manijeros y los santeros son distintos cada año.

Su relevancia social es tan grande que va más allá de la semana Santa; por ello, distingamos dos momentos para aproximarnos a ella.

Fuera de la Semana Santa

Cada cofradía elige a los manijeros de sus imágenes Titulares, los que se encargan de formar («aviar» es el verbo empleado) sus cuadrillas de santeros que se van reuniendo a lo largo del año en las llamadas «juntas», donde se relacionan junto a un perol, vino de la tierra (aunque se añaden otras bebidas, el vino ha de estar presente) y la saeta santera que se cantan entre ellos. El número de «juntas» es variable, aunque de todas ellas destacan dos: la que se celebra para dar los sitios, y la denominada de «marca». En la primera, el manijero informa a cada santero del lugar que ocupa en esa santería. En el trono hay cuatro esquinas: la del manijero (la derecha), la izquierda, la mala (la opuesta a la del manijero) y la de la salud (la trasera derecha); cada una con los siguientes sitios:

–En los varales de las esquinas: esquina, contraesquina, pata, contrapata y, en algunos casos, cimbra y segunda contrapata.

–En los varales interiores: punta varal y repisón.

En la «marca», todos los santeros se «miden», para que se les marque su altura; posteriormente, un carpintero realizará las «cuñas», unas piezas de madera que se colocan en cada sitio del trono, para que este esté equilibrado y se reparta el peso entre los santeros.

En ninguna de estas «juntas», ni fuera de ellas, se ensaya con trono, estructura o similar. Al respecto, únicamente el manijero comenta qué paso (de qué modo se santeará) llevará el Cristo o la Virgen durante su recorrido.

En Semana Santa
[caption id="attachment_53915" align="alignright" width="269"] Los santeros contribuyen a la estética de la procesión.[/caption]

Para la procesión, los santeros tienen una vestimenta típica: túnica corta y capirote sin cubrerrostro (del color de la cofradía), camisa y pañuelo blancos, pantalón de medio ancho, y botines (generalmente, negros). Deben estar afeitados (sin barba ni bigote) y no deben lucir relojes ni pulseras (no obstante, sí llevan gemelos en los puños de las camisas). El proceso de vestir a un santero suele pasar de padres a hijos y aún tiene carácter íntimo.

Unas horas antes de la procesión, todos los santeros se reúnen en la casa del manijero y, desde ahí, van a tomar café y, luego, parten hacia la iglesia, realizando el llamado «paseíllo», en el que caminan por algunas calles de la localidad al redoble de los tambores y, en los pasos que lo llevan, del torralbo (una corneta con un toque peculiar que anuncia a Cristo; solamente cinco pasos lo tienen: las dos Pollinitas, Cristo de la Columna, Jesús Nazareno y el Santo Entierro).

En la iglesia, antes de iniciarse la procesión, cada santero amarra una almohadilla –que preparó en su casa– a los asones (asideros que tienen los tronos en los varales) que corresponden a su cuña, para que la madera de esta no se clave en el hombro. Este es otro momento íntimo, puesto que en el templo solo entran los hermanos penitentes de la cofradía, los santeros y algunos familiares.

Las salidas de los templos se hacen con tiento y sin prisa, salvo la de la Columna, que se realiza muy rápida y, en varios términos, incoherente con la elegancia de la santería (pese a esto, el público responde enfervorizado a esta inusual salida y la espera así cada año). Los santeros agarran el trono de los asones y atraviesan la puerta del templo hacia la calle. Una vez allí, dejan el trono en el suelo y cada uno se va a su sitio. El manijero mira hacia la esquina izquierda y la de la salud y, si están todos los santeros en su lugar, formula en voz alta una pregunta: «¿Estáis?» La esquina mala, que habrá mirado también desde su ángulo, responde si todo está en orden: «¡Puestos!».

Tras esto sucede la subida a hombros, la primera prueba del hacer de la cuadrilla. El manijero dirá en voz alta los «tres tiempos» para subir el trono, marcando una breve pausa en cada uno: los muslos, la sangría y el hombro. Aunque esto es lo habitual, encontramos ocasiones en que a algunos Cristos se les sube directamente al hombro, en «un tiempo», de un tirón; pues, como comentaba, es la primera prueba de valía de la cuadrilla. En el encierro del paso, se realizará de forma inversa, tras el aviso del manijero de que se desprendan de las horquillas que llevan los santeros para que el trono repose cuando están parados («¡Fuera horquillas!»): sangría, muslos y suelo. Siempre en tres «tiempos».

[caption id="attachment_53914" align="alignleft" width="291"] Las cuñas -sin almohadillas, en la foto- son fundamentales para igualar la altura y el peso del trono entre los santeros.[/caption]

Y con el timbre, que siempre toca el manijero, el trono descansará en las citadas horquillas. Después, el manijero avisa con un fuerte siseo de que se coloquen para avanzar y, colocados inmediatamente, con el timbre dan pasos al ritmo del tambor hasta que aquel suena de nuevo y el trono vuelve a reposar en las horquillas: el movimiento entre timbre y timbre se llama «horquillo», «ahorquillo» o «jorquillo» (tiende a denominarse «horquillo», pero hay variantes que no hemos querido obviar). El santero debe santear con el cuerpo y el cuello erguido, por un lado, por estética y, por otro lado, como prueba visible de que cumple su función en su sitio. Como nota curiosa, la tradición mandaba que al buen santero se le regale puros durante la estación penitencial y, al malo, un puro torcido o quebrado; hoy, sin embargo, los familiares y amistades le entregan el puro en perfecto estado, sin valoraciones sobre la santería que estuviera realizando.

La santería no es la misma para todas las procesiones; es decir, un Cristo cargado con la cruz –un Nazareno– no tiene el mismo paso (con «paso», aquí me refiero al modo o manera de llevar la procesión, no al trono o grupo escultórico procesional) que un Cristo azotado en la columna y, por consiguiente, no se santeará igual que una Virgen dolorosa. En Lucena, aun avisando de que cada manijero puede variar el paso, podemos concretar cinco modos elementales de santear los Cristos: el de la Pollinita, el de Jesús, el de la Columna, el del Cristo del crucificado y el del Santo Entierro. El fin estético de cada paso estriba en dotar de cierta teatralidad el momento pasionista: la cuadrilla de santeros pretende imitar cómo se movería realmente la imagen si no fuera una escultura; es decir, se le insufla vida mediante el movimiento con el hombro.

El paso de la Pollinita lleva un suave botado de la parte trasera del trono.

El de Jesús es más botado que el de la Pollinita, con la delantera aguantando. Tanto este como el de la Pollinita es el más empleado para otros Cristos y Santos: Preso, San Juan, Cristo del Amor, Cristo del Encuentro, Jesús de Medinaceli, Cristo de la Pasión, Cristo del Valle, Cristo de la Humillación, Jesús Caído y Resucitado.

El de la Columna es un paso más corto y rápido y conlleva que toda la cuadrilla trabaje con el hombro al mismo tiempo.

El del crucificado es sereno, largo y reposado, sin dar de atrás. Asumen este paso los dos crucificados que se procesionan (Cristo de la Sangre y Cristo del Silencio) y otras imágenes quedan fuera del resto de categorías (Lavatorio, Humildad, Huerto).

El del Santo Entierro es el denominado «coleo», en el que los santeros han de ir con las piernas más abiertas o con distinto paso para que parezca que el trono está continuamente meciéndose sobre sí mismo.

En el caso de las Dolorosas, suele distinguirse tres modos: el que podemos denominar estándar de las vírgenes, el de la Virgen de Piedra y el de la Soledad.

El paso estándar de las vírgenes es sereno y reposado. También es el empleado en la Alegoría de la Santa Fe y la de la Santa Cruz, y las Santas mujeres del Viernes Santo.

El de la Virgen de Piedra es también sereno, más reposado y con paso más corto. Puede equipararse al modelo anteriormente citado, pero consideremos la antigüedad de este paso y de su importancia en la tradición semanasantera como para darle entidad propia de un modelo de santería.

El de la Soledad ahonda más en todo lo dicho: más sereno y más reposado aún.

Respecto a los pasos, he de recordar que son meras anotaciones que no tienen por qué seguir la cuadrilla. Así, en ocasiones, hay dolorosas que no han llevado un paso reposado y Cristos presos que no han sido botados. El paso o modo de santear lo decide el manijero, quien se lo comunicó a sus santeros en las juntas.

[caption id="attachment_53916" align="alignright" width="278"] Los santeros siempre llevan una postura erguida. Han de demostrar su valía en la santería.[/caption]

Tras la procesión, los santeros, aún ataviados con sus túnicas, parten de la iglesia hacia el lugar donde celebran el llamado «refresco», un pequeño ágape en el que los santeros y sus familias comentan la santería recién vivida.

Pasada la Semana Santa, el manijero deja de serlo de la imagen para la que una cofradía lo eligió. Ahora, al igual que el resto de santeros, espera que alguno de los futuros manijeros le «avíen» para la próxima semana Santa.

El resultado de lo que hoy se conoce como santería procede de algunos siglos atrás. En Lucena se procesionaba con correón (como hoy se continúa haciendo en la localidad malagueña de Casabermeja), que las antiguas cofradías fueron sustituyendo a lo largo del siglo XIX por el hombro, hasta que en torno a 1880 se suprimen definitivamente los correones y se utiliza únicamente la santería. Poco antes, en torno a 1865, se creó el primer timbre de la santería en el Cristo de la Humildad (Archicofradía del Carmen).

Las túnicas de los santeros eran las mismas que las de los hermanos, pues en 1688 el Cardenal Salazar obliga mediante decreto a los penitentes, disciplinantes y hermanos en general a llevar la cara descubierta, pudiendo nacer la túnica tradicional lucentina algo después. Cuando en los años veinte del siglo pasado, se crean las cofradías del Cristo de la Sangre, del Cristo de la Columna y de la Pollinita, y se reorganiza la de la Soledad, emplean para los penitentes el atuendo de estilo sevillano con cubrerrostro; sin embargo, los santeros permanecen como siempre, a cara descubierta. A lo largo del siglo XX se irán perfilando detalles, como el de acortar la túnica, utilizar camisa blanca bajo esta y pañuelo blanco al cuello, o que los tamboreros se coloquen detrás del trono.

Muchos términos de la semana Santa están relacionados con el trabajo en el olivar, en las velonerías y en las tinajerías: «cuadrilla», «cuadrillero», «manijero», etc. E, incluso, del mundo taurino, como «paseíllo» o «cortarse la coleta (o el capirote)».

NOTA FINAL: Esta aproximación se ha centrado en la semana Santa, pero este mismo modo de hacer sucede en las procesiones de la Virgen de Araceli, patrona de la localidad, en la de San José Artesano y en las de verano (Virgen del Carmen, Santiago, Virgen del Valle, etc.); es decir, aunque la santería es propia de las procesiones de Semana Santa, también se encuentra en el resto de desfiles procesionales de Lucena.

BIBLIOGRAFÍA:

–ALBA, Manuel: «La santería en nuestros días». Gaceta Lucentina, 1 de abril de1981.

–CRESPILLO, Antonio: «Desde las aceras». Columna de esperanza 13, 1998.

–LÓPEZ SALAMANCA, Francisco: «La antigua semana santa lucentina a la luz de los decretos episcopales. El siglo XVII». Torralbo, 2000.

–MONTERO OCAÑA, Manuel: «El martes Santo en Lucena durante los siglos XVII y XVIII». Torralbo, 1988. (Aparece firmado como «Archivero municipal»).

–PALMA ROBLES, Luisfernando, et al.: «“Santeros del ayer”. Manuel Guijarro Nieto». Torralbo, 2001. (Aparece firmado como «Redacción»).

–RODRÍGUEZ DE MILLÁN FERNÁNDEZ, José, y LÓPEZ SALAMANCA, Francisco: Orígenes de la Semana Santa: sus inicios en Lucena. La Archicofradía de Jesús Nazareno. Cuatrocientos años de historia. Tenllado, 2000.

–SÁNCHEZ GONZÁLEZ, Francisco: «Apuntes de santería». Gaceta Lucentina, 1983.

Añadir nuevo comentario

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.