Opiniones

"El Periódico digital para el sur de Córdoba"

España 1931-1936 (III)

La República ya ha recibo un aviso, un órdago, ha sido puesta a prueba —y quizá el salir victoriosa la relajó un tanto— con ese golpe de Estado fallido conocido como la Sanjurjada, el 10 de agosto de 1932. Lo cierto es que la derecha monárquica más radical conspiró contra la República desde su proclamación, con antiguos ministros de Primo de Rivera pululando por allí y el general José Sanjurjo penduleando de uno a otro de los dos bandos conformados: el afín al mantenimiento de la República y el afín a la restauración de la Monarquía, que convergieron en pactar una suerte de plebiscito sobre la forma de gobierno o la forma política tras su triunfo. Habían propagado sus primeras manifestaciones públicas a través del Círculo Monárquico Independiente, fundado por Juan Ignacio Luca de Tena, director y propietario del diario ABC, para agruparse políticamente en Acción Nacional (AN), un año después, Acción Popular (AP), y coquetear con el partido de Alejandro Lerroux, Partido Republicano Radical (PRR), ignorante de cualquier acción subversiva. Pero ha fracasado, porque, en Madrid, donde el Gobierno Azaña ha estado previsor, ha quedado contenido, desinflando el resto de capitales, incluida La Coruña, donde el general Francisco Franco era el jefe de la XV Brigada de Infantería de Galicia. En Sevilla, puesto de Sanjurjo para el golpe, el asunto ha tenido más tirón, hasta que la retirada de Madrid ha envalentonado a las fuerzas comunistas y anarquistas y el Gobierno ha movilizado a las tropas. Sanjurjo será condenado a muerte, pena conmutada por un muy criticado y controvertido decreto presidencial, y amnistiado por el Gobierno Lerroux en abril de 1934. Entonces, los trágicos acontecimientos de Casas Viejas ennegrecen la opinión pública del Gobierno Azaña, que cataliza la crisis de este primer bienio republicano. Azaña es destituido en septiembre de 1933, el Presidente de la República Alcalá-Zamora propone a Alejandro Lerroux, quien no consigue el apoyo de las Cortes, por lo que es designado Diego Martínez Barrio (PRR), hombre de confianza de Lerroux, para convocar elecciones generales para los días 19 de noviembre (primera vuelta) y 3 de diciembre (segunda vuelta), la cuales culminan con la mayoría (por la concentración de votos, el apoyo de un catolicismo muy arraigado en la sociedad en su conjunto y muy atacado y del voto femenino y el caos revolucionario que supera al gobierno izquierdista) para la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), de José María Gil-Robles, coalición de partidos católicos y de derechas, que ya ha destacado en las elecciones municipales de abril de 1933 con su discurso moderado. Otros partidos novedosos de similar corriente son Renovación Española (RE), monárquico escindido de Acción Popular en enero de 1933, de José Calvo Sotelo; y Falange Española (FE), de ideología fascista, en octubre de 1933, de José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador. Con el PRR como segunda fuerza política en las Cortes, la derecha y centro-derecha obtienen unos cinco millones de votos frente a los tres millones del grupo de la izquierda y centro-izquierda (exclusión, en ambos, de las orientaciones más radicales), lo que no evita que las Cortes queden fragmentadas en veintiocho partidos. Gracias a su pacto con la CEDA, confiado en su mayoría parlamentaria, y debido a las presiones que el Presidente Alcalá-Zamora recibe de las izquierdas para eludir el nombramiento de Gil-Robles, es a Alejandro Lerroux a quien se le vuelve a proponer la formación del Consejo de Ministros. Y lo de las presiones de la izquierda al Presidente no es baladí, hasta el punto de sugerir golpes de Estado, así como soflamas de un absoluto cariz sedicioso y agresivo, sublevación a fin de que no gobernara la derecha. La República podrá ser democrática, al menos, eso estipula la Constitución, aunque no se aceptan los resultados de unas elecciones democráticas, o sólo se aceptan cuando el opositor las gana, claro… Porcentaje de hipocresía, porcentaje de inconsciencia, porcentaje de inmadurez en la clase política operante, germen, sin duda, de lo que ha venido y está por venir… Las desavenencias con la Presidencia de la República llevan a la dimisión de Lerroux y la formación, en abril de 1934, de un nuevo Consejo de Ministros presidido por Ricardo Samper, obligado a lidiar con las insubordinaciones del gobierno catalán por la legislación de cultivos y del vasco por la propuesta central de modificar su régimen fiscal. Perdido el respaldo de la CEDA, en octubre de 1934, Samper dimite, Lerroux recupera la presidencia del Consejo de Ministros y, ahora sí, lógicamente, incorpora al gabinete a tres miembros de la CEDA, para las carteras ministeriales de Agricultura, Justicia y Trabajo, Sanidad y Previsión Social. La decisión levanta a las masas de izquierdas, que convocan huelga revolucionaria en este mismo mes de octubre con escasa repercusión, salvo en una región: Asturias. La verdad es que los gobiernos derechistas han emprendido un programa de rectificación legislativa del anterior bienio. Se paraliza la reforma agraria, cuya aplicación ha sido casi imposible en la anterior etapa, a costa de las miserables condiciones de vida del campesinado; se reforma el estamento militar, con reasignaciones de rangos próximos a la orientación política gobernante (y la amnistía a Sanjurjo); se reforma el régimen educativo, con la reimplantación de la enseñanza de religión. En abril de 1934, partidos satélite se han fusionado a Acción Republicana (AR) de Manuel Azaña, erigiendo Izquierda Republicana (IR), que a su vez se acerca a las tendencias radicales del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y a su sindicato Unión General de Trabajadores (UGT), los cuales, desde que los resultados de las elecciones generales fueron patentes, y bajo la responsabilidad de Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto, han estado organizando una revolución, para el caso de que la CEDA entrara en el Consejo de Ministros. La cercenada mentalidad de Largo Caballero le impide asimilar, exiliado el total concepto de democracia, cómo la derecha puede ostentar el poder gubernamental, cuando la República fue, es y será, ayer, hoy y mañana, creación primigenia y patrimonio exclusivo de la izquierda, como los hombres, añadiría si en él se terciara, lo son de Dios. Al genial y, por supuesto, acertadísimo proyecto de Largo Caballero, Prieto y compañía, se le suman el Partido Comunista de España (PCE) y Esquerra Republicana de Cataluña (ER). Mientras, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), siempre dispuesta a concurrir a tamaños festejos, le puede su vena anarquista y prefiere prescindir del modo organizativo adoptado. Es de justicia apostillar que, desde luego, la crisis económica es vasta en toda Europa, tanto como los extremismos y radicalismos políticos dominantes en el continente. En España, los empresarios apuestan por la inminente caída en la dictadura fascista o socialista. La violencia viste cada una de las actuaciones de este periodo: violencia en los discursos, violencia en las acciones, violencia en las posturas, violencia en las narraciones de los diarios, violencia en las relaciones laborales, violencia en las tertulias vecinales, violencia en las calles. En la España de 1934, los atentados y agresiones por parte de la esfera izquierdista a componentes de la derechista encuentran sus oportunas venganzas y viceversa, y la muerte se instituye de manera natural y la sangre tiñe las piedras de las calzadas, entre los desquiciados aplausos, las dementes arengas y las delirantes demandas de unos y otros. Una enloquecida orgía de autodestrucción que se prolongará hasta 1936… Y todavía más allá.