Opiniones

"El Periódico digital para el sur de Córdoba"

España 1931-1936 (II)

Que la estabilidad o la paz social brille por su ausencia no quita que la ilusión y la esperanza en el nuevo régimen se hayan desvanecido. Para la convocatoria electoral a Cortes Constituyentes el 3 de junio de 1931, los distritos electorales se sustituyen por las circunscripciones provinciales, con la idea de sujetar el influjo del caciquismo, se permite la elección de mujeres y sacerdotes y se baja la edad para el ejercicio del derecho al sufragio activo a los veintitrés años. La coalición republicano-socialista (entre cuyos rostros se aprecian los de intelectuales como Unamuno, Marañón, Ortega y Gasset, Sánchez Román) sale victoriosa con amplio margen, y se elige a Julián Besteiro como Presidente de las Cortes. En el seno de la comisión designada para la redacción del texto constitucional pronto brotan las fricciones acerca de temas tan delicados como la propiedad agraria, la religión, el Estado de las Autonomías o el voto femenino. La presencia femenina en estas Cortes Constituyentes de 1931 se concreta con tres mujeres: Margarita Nelken (Partido Socialista Obrero Español), Victoria Kent (Partido Republicano Radical Socialista) y Clara Campoamor (Partido Republicano Radical). Precisamente, Kent y Campoamor lideran un potente debate sobre la procedencia del voto de la mujer, para el cual llega a plantearse su fijación en los cuarenta y cinco años, en atención a las debilidades psíquicas y de voluntad propias del sexo, corregidas con la madurez otorgada por los años; como también se plantea negarlo argumentando factores de inferioridad biológica e intelectual. Por su parte, la voz de Kent aboga la negativa por un probable sometimiento de la mujer a las voluntades de los párrocos y los esposos; frente a ella, Campoamor intercede por un voto femenino sin restricciones, por principios universales, por igualdad de derechos, con independencia de las repercusiones especuladas. Con ciento sesenta y un votos a favor y ciento veintiuno en contra las Cortes aprueban el voto femenino en idénticas condiciones al masculino. La Constitución que nace es, claro, una hija de su tiempo, democrática de trabajadores de toda clase, sufragio universal masculino y femenino, declaración de derechos y libertades, amplios derechos civiles y sociales, colectivos e individuales, Cortes unicamerales, binomio Ejecutivo Presidente de la República y Presidente del Consejo de Ministros, poder Judicial con las figuras del Jurado y el Ministerio Fiscal, Estado integral con autonomía regional no federal, aconfesionalidad estatal, Tribunal del Garantías Constitucionales. Uno de sus exponentes será la Ley de Reforma Agraria de 1932, con importante incidencia en la propiedad de la tierra, reasignando tierras incultas para ser explotadas por campesinos, y difícil aplicación, un fracaso, de hecho. Y es que el llamado Bienio Reformista acarrea una serie de necesarias reformas laborales, con el socialista Francisco Largo Caballero en el Ministerio de Trabajo, que buscan reforzar la posición de trabajadores y sindicatos ante los empresarios; reformas educativas, con la edificación de nuevas escuelas e incremento de la plantilla de maestros, y extirpación del programa educativo de la asignatura de religión, lo que agrava el rencor de la Iglesia Católica; reformas militares, con el juramento preceptivo de fidelidad a la República. Niceto Alcalá-Zamora es nombrado Presidente de la República y Manuel Azaña, del Consejo de Ministros. Pero la anhelada eficacia de la República no es inmediata ni es la esperada. A su vez, el sector de derechas o conservador no termina de encauzarse en este nuevo régimen. Disgregado en grupúsculos, se aproxima al ámbito patronal, que, animado por un proyecto unificado ante un porvenir incierto, planta sus semillas en el Partido Republicano Radical (PRR), fundado por Alejandro Lerroux, verdadera oposición en las Cortes de 1931. Al extremo, el anarquismo ni quiere ni le interesa saber de márgenes o concesiones al nuevo gobierno, y la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) cuenta con más de un millón de afiliados, secundada por la Federación Anarquista Ibérica (FAI). El Partido Comunista de España (PCE), fanático estalinista, todavía es minoritario durante estos arranques de la República. La crisis económica es notable y las tensiones sociales no abandonan el día a día, crispadas, aún más, por la presión de la CNT y la negativa de la patronal a las reformas. Acontecen duros enfrentamientos con la Guardia Civil y, por si no es suficiente, el debate sobre Cataluña. Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), encabezada por Francesc Macià, ha ganado las elecciones municipales de abril de 1931 y, puesto que si se admite la mayor se ha de admitir la menor, se ha considerado legitimado para proclamar la República Catalana dentro de la Federación de Repúblicas Ibéricas, lo cual rompe los esquemas de la República, cuya Constitución, ya se ha anotado líneas antes, rechaza el federalismo; razón por la que se decide acelerar el proceso de Estatuto para Cataluña, aprobado en 1932. Se profundiza el desgaste del gobierno republicano, que hace culminar el primer bienio republicano con los sucesos de Casas Viejas, Cádiz, en enero de 1933. Se ha previsto una insurrección anarquista a nivel nacional, de los ferroviarios hasta los campesinos, y en el pueblecito gaditano de Casas Viejas no se quedarán atrás. Adviértase el pesimismo, la exasperación, el no tener nada que perder, el desencanto y el altísimo grado de analfabetismo. De los seiscientos doce propietarios de Casas Viejas, cuarenta y dos aglutinan el sesenta y seis por ciento de la riqueza del municipio, escenario paradigmático del cuadro nacional. La pobreza, la miseria, la supervivencia al límite, el despojo y la tierra perdida de labor son una vívida expresión en el Estado Español. El 10 de enero de 1933, los disturbios anarquistas provocan el envío a Casas Viejas de una compañía de guardias de asalto al mando del capitán Manuel Rojas Feijespán, con orden directa de una contención expeditiva y definitiva del motín, para evitar su propagación, ante el temor de recrudecerse la revolución nacional, por entonces aceptablemente controlada. El 11, un grupo de campesinos afiliados a la CNT con Francisco Cruz Gutiérrez, Seisdedos, fomentándolo, proclama el comunismo libertario (aunque es razonable dudar acerca de si realmente conocen el significado de la proclama, considerando el analfabetismo imperante) y, armado, rodea el cuartel de la Guardia Civil, donde se resguardan tres guardias y un sargento. Se produce un intercambio de disparos que causan la muerte del sargento y un guardia, víctimas de las heridas. La tarde de este día 11, una docena de guardias civiles libera a los compañeros y toma el pueblo, de modo que los atacantes, temerosos de las represalias, se disuelven y se ocultan en casas. Horas después, un destacamento, compuesto por cuatro guardias civiles y doce guardias de asalto, inicia una detención indiscriminada, durante la cual, con algún que otro maltrato de por medio, se pronuncian los nombres de los hijos y el yerno de Seisdedos. Cercada la casa de éste, los sitiados disparan, matando a un guardia de asalto e hiriendo a otro. Pasada la medianoche, llega la unidad de Rojas Feijespán, con orden gubernativa de acabar con la insurrección local, abriendo fuego sin piedad (se expone el sintagma «tiros a la barriga»), y de tal manera actúa, valiéndose de rifles y ametralladoras, para, a continuación, incendiar la choza que sirve de refugio. Dos de sus ocupantes son acribillados al salir huyendo del fuego, los demás quedan calcinados dentro de la choza. La única superviviente es la nieta de Seisdedos, María Silva Cruz, La Libertaria (será fusilada en 1936), quien salva la vida, al salir por un ventanuco con un niño en brazos. Durante la madrugada del 12, Rojas y sus hombres se retiran a una fonda, donde se planifica un escarmiento, y el capitán ordena a tres patrullas detener a los militantes más destacados, dándoles instrucciones para disparar ante cualquier mínima resistencia, lo que se lleva a efecto. ¿Y cómo explica una República democrática de trabajadores de toda clase, de derechos y libertades, gobernada por la izquierda, tan grande reacción represiva?… Pues sólo el miedo a la expansión revolucionaria descontrolada lo explicaría, y el temor también a la falta de capacidad y de una verdadera consolidación del régimen republicano… o de los hombres que lo protagonizan, más bien, gravados con una pesada inseguridad en sí mismos, en su causa y en la forma política que habían instituido… O quizá no… Quizá la explicación sea más simple: son los modos y maneras de una época. Para la época, no hay otro modo o manera de comportarse, de reaccionar; no es reacción republicana o monárquica, es la reacción lógica del momento… El presentismo, para las películas y las series de televisión… Esto es el mundo de 1933, la Europa de 1933, la España de 1933.