Opiniones

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Compromiso con la memoria

A finales de junio tuve ocasión de asistir a la presentación del libro de Rafael Espino Navarro, Desaparecidos, en un acto celebrado en la Biblioteca municipal “Juan Soca”. El autor es presidente de AREMEHISA, y en consecuencia la persona que ha dirigido y coordinado las investigaciones llevadas a cabo en la localización de la fosa existente en el cementerio de Cabra, una labor por la cual le debemos agradecimiento en nuestra localidad. Espino resaltó la colaboración que en todo momento ha recibido su organización por parte del Ayuntamiento egabrense, cuestión en la que incidió asimismo el alcalde, quien participó en la presentación del libro.

En definitiva, un acto en pro de la recuperación de nuestra memoria, un compromiso que resaltaron los dos intervinientes. Establecido este reconocimiento a la labor de nuestro municipio, me planteo por qué el ayuntamiento no es tan diligente a la hora de realizar otras actuaciones en ese ámbito de la memoria histórica, colectiva o democrática (no importa ahora la denominación que utilicemos). Y hago esta consideración con conocimiento de causa por haber formado parte en dos legislaturas, a propuesta del PSOE, de la Comisión de memoria constituida en Cabra. Nunca conseguí que alguna de mis propuestas se llevara al orden del día. Una de ellas consistía en hacer una revisión del callejero, y en relación con esta cuestión, me resulta incomprensible que exista una calle dedicada a Francisco López Pastor, capitán de la guardia civil que incautó el ayuntamiento en 1936, un hecho al que ya hice referencia en estas páginas en el artículo titulado: “Cabra: verano de 1936”, publicado en 2016.

Acaba de pasar la feria, donde de nuevo se ha producido ese acto, para mí preilustrado por lo que tiene de atentado contra la razón, consistente en entregar la vara de alcaldesa a una imagen, en este caso la virgen de la Sierra. Merece la pena recordar que el origen de ese ceremonial está en el reconocimiento que se le hizo como Alcaldesa perpetua en 1958, cuando se cumplían 50 años de ser declarada de manera oficial como patrona. Con ese motivo se celebró una ceremonia en el Paseo en septiembre, que según La Opinión contó con una participación popular que “no bajaría de quince mil personas”, y como todos conocemos el lugar, sobra cualquier comentario acerca de la exageración.

Fue en ese momento cuando por primera vez se le impuso la vara de alcaldesa por parte del alcalde, quien la recibió de manos de López Pastor, pues el símbolo de la autoridad municipal, según recoge el mismo periódico, había sido “generosamente donado por él y al que se añadió una maría de platino y brillantes, el escudo de la ciudad en oro esmaltado y la fecha de la investidura”.

En consecuencia, quien fue protagonista del golpe de estado en Cabra el día 19 de julio de 1936, no solo tiene una calle sino que está presente cada 4 de septiembre (que no fue siempre el día de la bajada) en ese acto que de forma equivocada en algún momento pensé que era propio del nacionalcatolicismo franquista, pero cuando he visto que la práctica de designar como alcaldes, o alcaldesas, a imágenes religiosas ha continuado en época democrática, ya pienso que debemos dar otra caracterización a esas decisiones.

El mantenimiento de la rotulación de una calle dedicada a López Pastor incumple la legislación sobre memoria, tanto la autonómica como la estatal. Es una de las deficiencias (no la única) que tiene nuestra localidad en cuanto al compromiso con la memoria democrática.