Encaramos el final del mes de abril, en menos de un mes estaremos votando en Andalucía. No sé las siglas políticas o los colores dominantes o las combinaciones posibles tras los pactos, sí llegará el caso...
Tampoco sé, sí será el número de votos representativo de la diversidad ideológica poblacional, de la multiculturalidad que somos o formamos, o sí las promesas de campaña electoral darán respuesta a las necesidades ciudadanas, son tantos los ámbitos que ahora tenemos pendientes y en lista de mejoras, sin tantas demoras, tensiones o contratiempos.
Hay cierto cansancio entre la urbe andaluza y española en general, derivada en parte de la crispación política y social mantenida en el tiempo. Incrementada por los crecientes conflictos bélicos, por los sobre costes para la población en todos los aspectos de la palabra.
Nuestros líderes políticos autonómicos en menos de un mes, acapararán todos los medios, actos y espacios susceptibles de notoriedad pública. No estarán solos. Se les sumarán sus compañeros de partido con cargos importantes, con representación estatal o ministerial y hasta presidencial. Su campaña electoral será intensiva y en ella, tienen el poder de expresarse, de convencernos, de conquistarnos o aborrecerlos.
Espero y deseo no llevarme sorpresas esta vez, aunque sea una mera anécdota. En las pasadas elecciones recibí en mi buzón de correos propaganda electoral en papel con los datos de un ciudadano árabe, totalmente desconocido para mí y mi gente, que figuraba en mi domicilio. Cuando fui al ayuntamiento de mi localidad días más tarde para averiguar dicho lío, nadie supo decirme quién era y me aseguraban que no aparecía empadronado allí, pero sus papeletas electorales sí que llegaron, por lo que es un posible votante, sí existe o está entre nosotros viviendo y con sus papeles en regla.
Volviendo al embrollo de una campaña electoral, la clase política son un reflejo de la sociedad y cada partido con sus estilos propios representan esa parte de la humanidad que los votan, sean fieles o no, cambiando de opinión, con más o menos admiración, siendo elegidos como novedosos, o navegando en los extremos, o serán sus propios votantes los que hagan sus conjeturas de un voto útil, mientras otros eligen la papeleta en blanco o no votan.
El tono y las formas que tenemos de hablarnos la población en general en estos últimos tiempos ha cambiado, hemos perdido cierta capacidad de oratoria y debate. La competencia para mirarnos, para observarnos, para contactar con la mirada y comprender que otras cosas dice nuestro cuerpo, su lenguaje gestual.
El debate implica una buena capacidad de exponer, de discutir, de escuchar y criticar sin llegar al insulto personal, tirando de datos, de pensamiento ágil, para recurrir a las citas o autores relevantes. Los tiempos han cambiado, siguen existiendo los asesores personales y/o políticos, pero incluso estos usan o abusan de la I.A. Según el buscador que alberga esa Inteligencia artificial tiene sus tendencias.
Es indiscutible que Internet es una herramienta de consulta casi ilimitada, con la posibilidad de responder inmediatamente, aunque entrecomillando lo que nos muestra o redacta, porque es imprescindible que la cabida humana filtre o reformule sus propuestas o pensamientos, personalice o contraste la información aportada por la I.A, porque el responsable legal de aquello que se dice, se cuanta, se comparte, lo somos todos los que tenemos un dispositivo tecnológico con conexión a Internet al alcance de nuestra mano…
Aunque resulte extraño la inmediatez es nuestro gran enemigo, pulsar las teclas de nuestro teléfono móvil cuando estamos emocionalmente alterados, recurrir a las redes sociales en ese momento, publicar o comentar nos expone a las turbulencias públicas, dar un OK, navegar sin leer los permisos y la letra pequeña, es un arma de doble filo.
En estas semanas de campaña electoral hasta el 17 de mayo, veremos, oiremos y escucharemos muchas cosas. Aún sin quererlo me llegarán vídeos, titulares y noticias que no reenviaré. Ya somos mayorcitos, para entrar en estos juegos y elijo no hacerlo. Y aunque nuestra manera de pensar, de hablar o responder ha perdido fuelle, conocimiento, erudición e ingenio, es importante que votemos el día 17 de mayo. Ejercer nuestro derecho de voto es la mejor manera de opinar, de decir lo que queremos los próximos cuatro años para nuestras vidas, nuestros pueblos y su gente, nuestra Andalucía.







