Sin quererlo y sin pensarlo, en la vida, en la familia, en el trabajo, entre las amistades o conocidos en tu pueblo, te van surgiendo y sumando etiquetas que te perfilan o clasifican en el presente inmediato.
Nombres que te identifican o no. Matizados o teñidos. Dichos con galantería, desagrado o mala intención. Información real o inventada y supuesta. Datos que te definen parcialmente en algún aspecto de tu personalidad o trabajo. Notas acumuladas en el tiempo, reflejo de la experiencia pasada, vivida o de la novedad en esta tarea o lugar donde ahora ejerces o estás presente...
Pero las personas de alguna manera siempre guardamos filamentos escondidos, o lo intentamos, sensibilidades aletargadas, miedos que tratamos de ocultar... Los hombres y las mujeres, que ya tenemos una cierta edad, resurgimos tras la reflexión, tras las caídas, tras los impedimentos que han supuesto un punto de inflexión en nuestro discurrir, sentir y hacer personal y/o familiar, puede que hasta laboral.
Los humanos somos personalidades imperfectas. Aunque nuestras capacidades sean similares, nuestras discrepancias son palpables en nuestras habilidades para razonar, para dar o recibir, para renunciar, para volar de un lugar a otro, para parlamentar, para saltar de un tema a otra cosa, para exponer, escuchar o debatir, para convencer con su liderazgo o sapiencia, para dominar o ser dominado, para contar contigo o bien ser olvidado.
Cuerpos que crecen en otras dimensiones, que maduran, que cambian y de los que surgen achaques, trueques accidentados, imprevistos de salud, ruptura de competencias elegidas o sobrevenidas.
Nuestro pensamiento recorre el pasado, obviando u olvidando curativamente el dolor acontecido ya superado, pasa de puntillas por el tiempo realmente presente lleno de actividades, trabajo, tareas o estrés y planifica en el aire sobre un hipotético futuro. Un imperfecto futuro, simple o complejo, lineal o truncado, que recorres solo/a o acompañados/as...
Nos empeñamos en emplear el tiempo presente en mirar nuestro ombligo, sin ver los lados con sus instantes tranquilos, placenteros, felices y sin problemas acuciantes. Nos empecinados en ojear el frente idealizado, sin divisar nuestro mundo tan cambiante, las guerras viejas y nuevas que nos rodean, los numerosos conflictos, su crueldad infinita, las crispaciones políticas, las argucias económicas, la violencia, las maneras y formas de maltrato, la relajación normativa, la falta de moral medioambiental o los valores confundidos en emociones, para manifestar suposiciones acerca del presente, acciones que se materializarán o no, que se quedarán o convertirán en predicciones, hechos no calculados: ese es el futuro.







