Opiniones

"El Periódico digital para el sur de Córdoba"

Ética social y elecciones

La vida humana está sometida a la fortuna o al infortunio, a unas circunstancias que arrastran a la ruina que son difíciles de dominar.

La buena fortuna puede amanecer en cualquier instante: el enfermo se cura al día siguiente, la mujer infértil da a luz, el parado de larga duración encuentra trabajo… pero lo que lleva tiempo y fortuna, es curar y reparar los deterioros provocados por la necesidad extrema.

Se necesitan años para devolver la autoestima y dignidad al parado de larga duración, años que broten nuevos deseos de proyectos en el inválido que recupera la salud, años para establecer  nuevos lazos afectivos en el que pierde a un ser querido.

Niños en la pobreza, en los hogares rotos, en el peligro del sida, y en la enfermedad.

La vulnerabilidad de los mayores de hoy y la enorme desigualdad que hoy se soporta, unida al gran problema de la dependencia y sus necesidades, son razones poderosas para estar expectantes, para saber qué se nos dice.

Pero la vulnerabilidad hoy como exposición permanente al respeto o al desprecio, al reconocimiento o desconocimiento de los otros es verdaderamente significativa.

Nuestra identidad se moldea por el reconocimiento. La falta de reconocimiento o el falso reconocimiento deformante, degradante, despreciable, cuantos sufrimientos nos crea.

Un falso reconocimiento puede ser instrumento de opresión e institucionalización.

El hombre viene al mundo despojado de protecciones naturales, sin armas y en la pobreza, carente de lo necesario para satisfacer las necesidades de su vida, aparentemente merece más piedad que envidia.[1]

Hay que dar por sentado que la dependencia es una limitación humana que merece respeto, apoyo, convivencia, posibilidad de promoción.

Desplazados del centro social que tenemos  y disfrutamos, una parte significativa de la población, no valoramos lo que de bueno realmente tenemos.

No es el tiempo del poder, del dinero y del honor. Es el tiempo de encuentro de la medida que somos, tiempo para reconocer lo que hay en mí y de encuentros y escuchas de los otros.

                  “Al final de la vida me dirán, ¿Has vivido?, ¿Has amado?

Y yo sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres”.[2]

Es doloroso contemplar la situación social que hoy tenemos. Calles llenas de protestas, pobreza social en una situación intolerable. Sanidad diezmada hasta unos extremos preocupantes. La educación desprotegida de un programa de progreso y de una economía hoy raquítica y sin sentido que no se acepta por los profesionales.

Las elecciones del 24 de mayo del 2015, han  planteado el desconcierto social.

Una realidad confusa llena de incertidumbres y  desconcierto, solicitando la renovación y la cordura.

El impacto de la crisis sobre el bienestar y la expectativa de los ciudadanos, ya había sido señalado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), cuyo último informe advierte que la desigualdad ha alcanzado su máximo nivel en treinta años, en el conjunto de países miembros y afecta especialmente a los más castigados por la recesión.

En España los ingresos de la población más desfavorecida han caído un 13% anual y los del 10 % más pudiente se ha reducido solo en un 1.5 % anual.

La desigualdad acaba siendo un freno para el progreso social. Esta realidad acaba perjudicando a todos.

El freno de la desigualdad es hoy un hecho preocupante que exige soluciones inmediatas.

Los ajustes han perjudicado más a los que menos tienen. [3]

La abundancia para los que más tienen en las circunstancias por las que atraviesa España es un atentado contra la ética social.

 

[1] Gregorio de Nisa. La creación del hombre. Buenos Aires.

[2] Pedro Cazandaliga. El País.

[3]Economía. País 27 de mayo de 2015

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