Se dice “el pueblo es soberano”, y en verdad, en democracia así es, y se demuestra en cada proceso electoral, como en las elecciones del domingo 17, que el mapa político es una radiografía de las decisiones tomadas por cada uno de los electores, incluida la decisión del que se abstiene. Tenemos, pues, lo que nos buscamos entre todos. Ahora, desde la posición que cada representante político haya adquirido, toca actuar y veremos cómo se desenvuelve la legislatura.
Se dice también “el pueblo es sabio”, esto sabemos que es un dicho no muy acertado, usado por algunos para sus propios intereses, la historia está llena de grandes fiascos, el pueblo está compuesto por personas que, cómo tales, no tienen el don de la infalibilidad y se equivocan. Así es tanto para los electores como para los elegibles. No me cabe la menor duda de que la inmensa mayoría actúa persiguiendo lo mejor para la sociedad en su conjunto, en la que están incluidos, aunque siempre habrá alguno que solo persigue lo mejor para sí y sus allegados, y también aquí se puede errar.
Entiendo que la soberanía del pueblo no tiene por qué terminar en las urnas, sino que podemos influenciar en las decisiones de los elegidos si no nos gusta cómo se va actuando, ese es el papel fundamental de la oposición, pero también el del pueblo llano que puede hacer llegar a los distintos representantes sus ideas a través de la militancia política, de manifestaciones y concentraciones, recogida de firmas para presentar una Iniciativa Legislativa Popular o del activismo digital.
Dicho esto, me atrevo a realizar un análisis somero y rápido de las últimas elecciones al Parlamento Andaluz, siendo a mi juicio lo más destacable la subida en el porcentaje de participación. Que baje la abstención siempre es buena noticia.
Lo segundo a destacar es la pérdida de la mayoría absoluta por el PP, junto a la bajada de escaños de los dos grandes partidos tradicionales (PP-PSOE), y aunque mucha gente opina que el espíritu del 15M está muerto, yo creo que no, que una de las cosas que trajo para quedarse aquel movimiento (un ejemplo de cómo el pueblo puede influenciar fuera de las urnas) fue el fin del bipartidismo. Esta es una cuestión a la que está costando adaptarse, hay que aprender a negociar, a incluir ideas de otros en las actuaciones de los gobiernos, a renunciar a parte de los postulados propios, es una nueva manera de gobernar.
Ayer escuché a varios dirigentes de distintas fuerzas políticas decir que no iban a defraudar a sus electores, pero cuando uno gobierna debe de tener claro que no solo gobierna para sus electores, sino para el conjunto de la ciudadanía del territorio en cuestión, por eso me chirria la lectura que hicieron desde VOX, excesivamente eufóricos por haber sacado un parlamentario más, diciendo que los andaluces habían dicho claramente que querían prioridad nacional, cuando sus electores solo representan el 13,82 de los votos.
Si como debiera ser, se atiende a lo expresado en las urnas, es obvio que los votantes de las demás fuerzas políticas, la mayoría, no han optado por ese concepto de prioridad nacional. Por supuesto que el no tener mayoría absoluta obliga a negociar, pero no deberíamos dar por hecho qué cosas y con quién, pienso que se debería intentar llegar a acuerdos que dibujen el mapa real que ha quedado en las elecciones. Y si eso es un lío, qué si se sabe desenredar, será un gran logro.
Por lo demás, baja el PP por el desgaste y la evidencia de que van mal servicios públicos tan vitales como la sanidad y la educación, respecto al PSOE tal vez no se le ha visto mucho en la tarea de oposición en estos años y además ha optado por una candidata con demasiadas mochilas a su espalda. Ha sido premiado el constante trabajo de oposición de Adelante Andalucía, amén de que ha sabido resurgir el andalucismo de izquierdas histórico, aunque también ha recogido votos del descontento de parte de la izquierda que se preveía votaría a Por Andalucía, que habiendo hecho también un excelente trabajo de oposición en la legislatura previa, no ha sabido apagar sus egos en pro de un proyecto común a la hora de confeccionar sus listas, y algunos de sus votantes se lo han hecho pagar.
En fin, mucho que analizar por parte de todas las fuerzas políticas, que desde luego tienen plancha de sobra en los próximos días.
Y hasta aquí escribo sobre el tema, intentado ser los más imparcial posible. Otro día, si eso, igual me da por analizar más parcialmente, y desde el corazón. Hoy no me toca.







