Opiniones

"El Periódico digital para el sur de Córdoba"

De luces y de sombras

Me gusta contrarrestar el ambiente hostil y de descalificación reinante en redes sociales con mis pequeñas publicaciones, y así periódicamente en Facebook subo, por ejemplo, canciones y melodías que me hacen feliz. Recientemente dudé si subir una de Frank Sinatra, pues, aunque de siempre me han cautivado sus temas y su manera de interpretarlos, no sabía si mostrar mi admiración hacía una persona “controvertida”, por su más que probable relación con la mafia, podría resultar incoherente con los valores con los que intento vivir. Resolví separar a la persona del autor de una obra. Y es que cada persona tiene sus luces y sus sombras, y al margen queda esa habilidad especial que, en el caso de Sinatra, lo convirtió en un cantante único capaz de transmitir emoción. Es a ese intérprete a quien respeto, no al hombre bajo sospecha.

Recordé entonces cómo hasta un ser tan luminoso como Federico García Lorca, que bebió del pueblo en gran parte de sus poemas y su teatro, que luchó por democratizar la cultura con proyectos como La Barraca, pudo tener alguna zona oscura, comportándose como un clasista en su relación con Miguel Hernández, pero es que es de justicia aceptar que ser un genio en cualquier materia o arte no te exime de tener tus propias filias y fobias, y a Lorca, por lo que sea, no le terminó de caer bien Hernández. Es lógico que, como humanos, al fin y al cabo, de vez en cuando estas personas brillantes, yerren o simplemente se ensombrezcan, y estos defectos nos los terminan acercando al común de los mortales, y nos mueven a hacernos más comprensivos con los defectos de los otros y a aceptar nuestras propias imperfecciones sin excesiva severidad. 

Hay algunos casos más difíciles de digerir, personalmente me cuesta olvidar cuando sentí, hace unos años, la caída de un ídolo. Me ocurrió al enterarme de que uno de mis poetas favoritos, Pablo Neruda, a quien admiro especialmente por su capacidad para encontrar belleza en lo cotidiano, hallando poesía en cualquier objeto, utilizando un rico lenguaje cargado de metáforas espléndidas, y que también destacó por su compromiso social y político, había abandonado a su única hija, discapacitada (que murió con solo 8 años), y a la madre de ésta, y ni siquiera la mencionó en sus memorias. Me resultaba difícil comprender como alguien con una sensibilidad tan acusada como poeta, había sido tan insensible como padre. Tuve que separar también entonces a la persona del autor de tan logrados poemas. Sus versos seguían siendo los mismos, igual de poderosos e intensos, producto de un maestro de la literatura.

Nadie podrá discutir tampoco el talento creativo de Picasso como pintor, pero qué difícil es admirar al hombre cuando sabes que era un misógino, que ejerció violencia física y psicológica sobre muchas de las mujeres de su vida.

Podría seguir con otros ejemplos (como el cineasta Polanski, acusado varias veces de violación y abuso sobre mujeres menores de edad o Charles Chaplin, con su carácter despótico en los rodajes y sus relaciones tóxicas con mujeres muy jóvenes) que demuestran que tener capacidades superiores en cualquier faceta no te hace buena persona y que el don de la sabiduría puede estar reñido con el don de la bondad, en contra de los preceptos defendidos por el clásico filósofo Platón o  nuestro contemporáneo José Antonio Marina.

No me cabe la menor duda de que en un mundo perfecto la bondad (la principal idea platónica) sería el fin último de la inteligencia humana, seguramente lo ideal sería que aspirásemos todos a ejercer el bien (cuantas tragedias y sufrimientos nos ahorraríamos entonces), pero en un mundo habitado por personas imperfectas, con debilidades y sombras, está complicado que esto suceda.

Por fortuna podemos separar la obra de la persona, admirar la primera y ser exigentes con la segunda porque no nos puede valer cualquiera como referente, la ejemplaridad está visto y comprobado se vende cara, siempre es conveniente separar el grano de la paja, por eso nunca está de más señalar las sombras de quienes nos deslumbran por su éxito.