Opiniones

"El Periódico digital para el sur de Córdoba"

Hay preguntas y preguntas

Cuando avanzas por las calles, para tus compras y quehaceres diarios en un pueblo, sueles encontrarte con gente a la que saludas y te responden con gestos, sonrisas y escuetas respuestas, según las prisas que llevemos o el vínculo emocional interpersonal.

Es frecuente saludar al entrar en un establecimiento público y cada vez es más habitual la falta de respuesta entre las personas que allí están, aguardando su turno o las que llegan nuevas a la cola de espera. Nos cuesta establecer charlas, más allá de la climatología y las palabras justas de compromiso.

Cada vez es más común que las personas que aguardan en algún espacio público se refugien en su terminal telefónico, en sus redes sociales, en el visionado de vídeos o la escucha y reenvío de mensajes o audios por aplicaciones como whatsapp…

En esas esperas y trajín de ir y venir en ocasiones coincides con personas conocidas, ya sean vecinos, compañeros de trabajo, amistades pasadas con las que te relacionas frecuentemente o te relacionabas y que el tiempo relega al olvido por mil causas diferentes.

Romper el hielo, reanudar una conversación con alguien con el que ya no tienes tanta cercanía, es siempre una forma curiosa de valorar nuestras habilidades sociales y las de los demás. Puede ser un saludo cercano, con abrazo, un par de besos, un ligero contacto en el brazo o el hombro, una mirada a los ojos, directa, esquiva, tímida, extraña, amable, cordial...

Tras el saludo, toca el intercambio formal. Las preguntas y respuestas. Fórmulas por mera formalidad: ¿Qué tal?... ¿Cómo estás?… ¿Dónde trabajas?… ¿Y la familia, qué tal va?… Cuestiones que pueden avanzar o quedar en pocas palabras, acabando con un saludo final de cortesía y cordialidad.

Otras veces las conversaciones progresan más allá del saludo. Se suceden las preguntas y las respuestas formales, entre varias personas adultas, generalmente con tono amable, respetuoso, claro, directo, sin adentrarnos más allá de la casualidad y la coincidencia, sin inmiscuirnos en su espacio personal o vivencial, o ellas en el nuestro.

Otras veces las charlas progresan más allá del saludo. Se suceden las preguntas y las respuestas formales, entre varias personas adultas, generalmente con tono amable, respetuoso, claro, directo, sin adentrarnos más allá de la casualidad y la coincidencia, sin inmiscuirnos en su espacio personal o vivencial, o ellas en el nuestro.

¿Pero qué hacer cuando nuestro conocido/a es un preguntador profesional que aprovecha la mínima de cambio para interrogarte en profundidad?...

La persona preguntona, sigue haciendo preguntas reiterativas, repitiendo su ansiosa logorrea y falta de escucha activa a tus palabras. No escuchando las respuestas, lanzándote la siguiente cuestión, interpelando con nuevas consultas encadenadas sin apenas dar tregua, relacionadas o no con el origen comunicativo casual, por el que todo comenzó, indagando con insistencia. Sin la posibilidad de intercambiar o replicar con tu igual...

En definitiva, son estilos y formas de algunas personas de nuestro entorno. Supongo que con tantas preguntas optan por hablar en voz alta, sin cortapisas, ordenando sus pensamientos sin filtros, resolviendo sus inquietudes, reflexionando sobre sus experiencias diarias e interiores, sin la necesidad de compartir o ser interpelados ellos. Reservando para sí herméticamente sus sentimientos, sus líos o sentir más íntimo.

Yo creo que todos conocemos alguna persona que pregunta y pregunta, que curiosea e inquiere información ajena. Quiero pensar que es su defensa natural, buscando insistentemente datos o hechos de los demás, formándose sus propias teorías, con o sus ideas independientes, en lugar de aceptar quizás los puntos de vista de los demás, la posibilidad de admitir otras vidas, otros estilos, por ello evitan y se salvan de ser preguntados.

Pero nuestra mente tiene sus propias estrategias de defensa, de huida o de calma, para establecer límites firmes, siempre educados, para redirigir las respuestas con humor e imaginación y compartir datos vacíos, experiencias sin trascendencia, tirar de citas, frases hechas o refranes y con gran amabilidad recurrir a las prisas e irte pronto de allí sin sobre exponerte gratuitamente a nada o nadie.